Sol de mañana

Aun luce algo dormido
como para regalar su energía máxima,
mas tras tantos años de cumlpir,
la presión apenas le causa gracia.

Se va caminando lento,
con su cabello despeinado,
sus largos brazos colgando
y una sonrisa genuina de barrio.

Dobla en la esquina con audacia
y casi de memoria, levanta su mano
para saludar a la preciosa Venus
que sonríe alucinada.

Bosteza cortando el tiempo
en antes y después
y acomoda, con sus delgados dedos,
las gafas sobre la cabeza.

Cruza la puerta del café,
se sienta en la mesa de siempre
y contempla las piernas de Mercurio
que se pasean con el licuado y las tostadas.