Antonia juega con el sol

Antonia había raptado al sol,
lo llevaba cerca de sus entrañas,
le sonreía y lo hipnotizaba
durante aquella mañana de octubre.


El frío invadía los sentidos
de macacos débiles
que llevaban soledad en sus almas
y un miedo voraz que azotaba cuando ella jugaba.


Discutían idioteces, creyéndose reyes
de verdades sin sentido, 
gritos disparaban como flores en primavera
y sus miradas siempre estaban altas.


Ya nadie aguantaba que Antonia jugara,
mas a ella no le importaba seguir enamorada
mientras un frío de veinte grados era helada
para pijas blandas que no encontraban el amor.