Bondi ao paraíso

Desperté desorientado por los sueños,
no sabía bien que día era,
mas no me preocupé por eso,
hacía calor y se escuchaban
los ronquidos de la almohada de abajo.


Cepillé mis dientes, tomé mi cartera
y con veinte reales y veinticinco años
salí a caminar sin saber a dónde,
ni en busca de qué.
Me subí a un bondi amarillo.


Todo se veía amarillo,
hasta el aire se olía así,
nadie escuchaba a nadie camino al paraíso,
mas todos hablaban entre sí.
Me bajé hipnotizado por unas palmeras.


Pateé unos kilómetros por la arena
hasta que una mesa y una cerveza 
me invitaron a desayunar,
entonces descubrí que la playa del silencio,
se llamaba Itapuá.


Callé mis pensamientos unas horas,
hasta poder escuchar la palabra de la brisa
que conversaba con las olas
esperando que esas garras sucias 
se mojaran sin buscar un final.