La tarde

La tarde se había creado
para dormir la siesta
y para divagar en sueños cálidos
que encendieran las ganas de seguir volando.

Deja su cuerpo flotando,
sus tentáculos corren veloces
y su corazón arde en el letargo
de un espacio frío como el metal.

Sus gafas no disimulan los ronquidos
que despiertan risas tímidas
en estrellas reinas de otra galaxia
(que suspiran por su don)

Maniobrando sus sueños se ilusiona
con pasearse dándole color a los culos
que esperan boca arriba
en la orilla de la playa.

La siesta acaba en el canto de dos gorriones
que destilan belleza desde la copa de un cedro,
el sol se despereza y con un manotazo
despeja a unas nubes que molestan.