A centímetros de la nada

Una luz brillaba blanca
entre ondas saladas de agua,
brotando como una flecha
que partía desde un arco plateado
con destino a tus garras.

Cada uno acreditaba su flecha
dejando a un costado la importancia o no
del todo, de la nada
y de lo que no era destello en el instante.

Una luz era tan poderosa
que inquietaba a los ojos,
dejando bajas sus percianas
para no ser ciegos en el simple mirar.

La flecha nadaba en superficie y caudal,
hasta tus propio vientre,
le extendía su paz a una mente deshidratada
y condimentaba la brisa que llegaba al alma.


Una luz te dejaba ver,
tornando ciegos tus ojos, muda tu aura,
calmada tus ansias...
quedaba poco del humano, ya casi era nada.