No sabía la hora, ni el día.
Poco importaban el lugar,
la soledad, el sonido,
o la edad del sol en esta dimensión.
Hay un refugio en la orilla del mar.
Quien no es quién ni cuándo,
puede encontrarla con facilidad
porque aquí es cualquier lugar.
Un teatro en los sueños
de quien no es nada más que cosmos
y alma elevada en la certeza
que se exime del ser.
Lo fugaz es llama sin retorno,
es luz que no precisa oscuridad
para correr al costado de un reloj,
entre ruinas y lejos de ojos que sólo miran.