Bestial realidad

Las gotas de lluvia eran balazos
que rebotaban contra el techo enchapado,
pero sólo jodían cuando el mundo
no era el de los preciados sueños.

Del otro lado es de día,
sentados en la última fila del 540,
no se bien de que me rio
mientras vos apelás inquieto al silencio.

Nos despedimos dos o tres veces,
no lucís tan ¨limpito¨ como siempre,
tu imagen se parece más bien a la mía
en tu pelo desprolijo y tu paso cancino.

Tocás el timbre o quizás no lo hacés,
pero el chofer bien sabe que vas a bajar
en esa calle que levanta tierra
y te aleja con una sorpresa mientras me quedo arriba.

Y vos decías que no querías ser padre,
pero ahí te vi yo en silencio
con esa mochila cargada de vida,
en los ojos del moycano que brillaban a tus espaldas.