Nuez más que un durazno

Linfositos hambrientos
en un día de nubes borrosas,
con olor a despedida
y sabor a ron cubano.

Hasta Orión llega,
la líbido inoxidable,
casi sin juguetes amables
y deja seca la razón.

Más sabores entorpecen
a esos pares de cayos,
que se raspan sin importar
con quien compartirán sus ansias.

La nuez rompe su cáscara,
se sube al micro escolar
y sin boleto de regreso,
por fin se descubre durazno.