No leas, no escuches,
no calles, ni digas.
No aceptes, ni mames.
Imaginá, cantá,
sentí y vivilo hoy.
Sabete Dios de tus actos,
tus pensamientos
y de tu suerte.
Se tan sabio como las plantas,
ten la dureza de una roca,
la calidez de la arena
y la fluidez del agua.
Allí está tu alma esperando
que la agarres por la espalda,
mientras la risa de un ángel
es la pausa clara en la eternidad.