No lograba aun escribir en mis sueños,
apenas jugaba a corretear amigas
que se habían perdido con el tiempo,
y a veces, dominaba el mar.
No logré anotar nada más que un final
similar al de dos películas ya vividas
en el mismo mundo lejano,
donde no cuenta lo natural.
El instante fue único, fue una pena,
un miedo, una escena maldita
en la que masticaba mi sonrisa
y frente al espejo, se derretía la felicidad.
Volviendo al mundo irreal,
se acababan las preguntas, los misterios
y se abría una costumbre de creerne con el temor
de no estar tan dorado para llegar.
Qué idiota soy en mis sueños!
Olvido que en el planeta avernal
existen las ojotas, un par de piernas nobles
y la voluntad del guerrero para caminar.