Mediodía

El día se parte al medio,
él eleva su espíritu cruzando el cosmos,
llenando de vigor a todo eso
que rodea su alma amarilla.

Frunce su seño radiante,
es tanta su energía que pocos
se atreven a mirar directo a sus ojos
por temor a quedar ciegos de amor en el intento.

Abraza un buen rato a las plantas,
acaricia a los animales vagabundos
que padecían frío
y agobia a los idiotas que van de traje.

Se rasca el hombro, seca el sudor
que cuelga como liana desde la frente
y derrite con un estornudo
el temor que yace en los polos.

Sabe que el hambre es una necesidad vaga,
aun así abre la puerta de la heladera
y con delicadeza toma el plato de milanesas
y raja en busca de la puerta.

Muerde, mastica y sonríe disfrutando
el picnic en la plaza más verde de la galaxia,
traga, eructa, prende un faso
y reposa su cabeza contra un árbol.