Mocos locos los cocos

Iba rodeado de cocos locos
que exageraban sus tonos
para acreditar importancia
a conversaciones sin sentido
sobre alcohol y enfermedad.

Las cantidades de las que hablaban
eran exageradas para las pocas cervezas
que sus estómagos aguantaban,
yo reía detrás de una puerta,
sin omitir ruídos que cortara el placer.

Se miraban fijo a los ojos,
los locos a los cocos e insistían,
en un tono gentil y noble,
con lo interesante del diurético
y la orina universal.

Unos se habían sacudido los mocos,
otros sólo eran cocos
y cuando ya no había que decir,
rapaiz y poja eran las rutas para escapar
del miedo a una noche de sábado en soledad.