El tipo era él y una tercera persona,
que decía: ¨cuanto más conozco al ser humano,
menos cucarachas mato.¨
Sabía que podía enterrar en la arena
sus cagadas pasadas con sus patas de atrás
y que ese tiempo era una tormenta placentera.
El doctor Osvaldo disfrutaba tanto de los vicios mundanos
que su conciencia condenaba su alma
a seguir eternamente acá, ni cielo, ni infierno, serían su lugar.
A veces se le escapaba una mentira,
aun así, era una flor su encanto frontal,
que le daba risa y charla, hasta a las sillas de bar.
De a poco lo fue perdonando, su tercera persona era él
y él era uno más, sin egos, sin pimienta ni sal
que condimentaran esa sonrisa que siempre fue real.