Una piedra quieta

Las agujas se estancan,
el reloj quedó ahogado,
una mente se escapa sin dejar rastros
para no saber como retornar.

La bruma se adueña de las huellas,
Pedro imagina unos riffs y les da vida,
mientras un perro rompe
con la quietud de la calle de tierra.

La mente se niega a recordar,
se asume perdida en la tranquilidad
de haber rolado hipnotizado
por la brisa que arremolina al pasar.

Un torso danza enloqucido,
palabras se escurren como gotas
que las hojas dejan caer para que la tierra
beba y sea sangre en la conciencia.

Nada va rápido, nada va muy lento,
la mente sigue dispersa en tantas partes
como el polvo permite abrir
y el alma es la amalgama que forma la piedra.