Me recuesto lento,
me deslizo por un tobogán de plástico
hasta reventar mis dientes
contra la húmeda y pálida arena.
Una niña y su vestido marrón
se disipan en el cambio de realidad
y el mar espera ducharse
con la lluvia que trae la noche.
Los colores se van apagando,
las ganas se van fermentando
y tus pensamientos huelen tan mal
como las axilas sin bañar.
No te hundas en la marea
no tengas miedo a luchar,
las comparaciones son absurdas
no existen los mejores, ni los más.
No te ahogues en los médanos man,
reposa tu cuerpo, mientras tu alma viaja
y el viento (siempre sabio) se encarga
de hacer constante la movilidad.