El cobre sigue oxidando,
como un coral invisible y sus campanas,
como oxida la lluvia del mañana
bajo un techo flaco y sin ventanas.
El movimiento te marea
y sin prisa seguís con tus ojos
las manijas de un reloj que no anda,
pero impone miedo para salir al sol.
Sin metas te quedás en la mitad,
esa es siempre una maldita comodidad,
que desnutre, envicia y desarma
la voluntad que carga tu alma.
El cobre te oxida por dentro,
cambia tus ganas por ilusiones vagas
forma canciones sin ritmo,
sin melodía y sin ruído a guitarra.
El cobre es cicatriz sin curar,
una intención cansina y blanda,
un bagallo al pedo que cansa
y un reflejo que ensancha tu ego.