Vuelve el fuego, siempre...
arde un trapo que baila
al compás de un ritmo brujo,
hechizando el aire de la aldea.
Brota el calor desde la tierra al aire,
bajo el sonido del agua,
dejando que la brisa sea dueña
del humo que lleva el mensaje al alma.
Vuelve el fuego en esa canción,
en el pucho del duende,
en el centro de esa fogata
y en los ojos que aprenden a ver.
Brota sin acudir a las llamas,
para ser olas inquietas,
remolinos inmensos corriendo en la nada,
un fantasma gris y unas nubes blancas.
Millones de ojos son conciencia natural
de un planeta que llama
a la armonía y a la paz,
para que reinen los vientos y sus ecos.
Cuando te hayas cansado de mirar,
cuando te hayas aburrido de saber,
descubre entre luces, sombras y colores
que aun no has visto nada.