Una carpa en Margarita

No había visto la luna
ni de noche ni de día
y eran pocas las palabras
que la brisa le silbara al mar.

No había visto la espuma
ni las horas del tiempo pasar
y estaban acorraladas las hojas
que la lluvia había volteado.

No quería salir de la carpa
aunque de a ratos extrañara la casa
el comedor, la cocina
y hasta el hediondo inodoro blanco.

No había sentido las olas
romper sobre las gaviotas
que se suicidaran jugando
al mojar sus pelos de miel.

No había partido en ojotas
que con el calor se hicieron moldes
hasta que la madrugada
y el gallo cantara para despertar.

No quería salir de la carpa
ni de noche, ni de día
era más sano retomar el sueño
que lo atrapara en el viajar.