Miles donan sus cuerpos
a esas energías que divagan
por las cumbres de las montañas
entre árboles y ríos
entre plumas, cactus y danzas.
Esos cuerpos estorban el tránsito
de la 9 de julio asfaltada
con sus wiphalas, sus sikus,
sus bombos y flautas al viento
deteniendo la masacre en el tiempo.
Las voces queman el aire
lo endurecen, lo cristalizan
lo cicatrizan y embellecen
dándole algo de reflexión
al rumor banal de la evolución.
Sólo cenizas quedan
de aquellos huesos que crujieron
y que hoy brillan más que el neón
de los agobiantes carteles
de esta bicentenaria ciudad.
Pero no olvides nunca
que de las cenizas renacen los cuentos
y de los cuentos, el amor
las canciones, los versos
que cuelgan en lo eterno del universo.
En este día 12 de octubre
miles respiran por millones
regalándole color al cemento
destruyéndolo con su sentimiento
y devorándolo como a un caramelo.