Poesía para el rojo

El rojo descendió
estoy tan triste que podría llorar
tan triste que hoy puedo llorar
abrazado a mi viejo
mirando el partido por tv.

La cancha está llena, sí
y prefiero ser amargo
y putear hasta el cansancio
para que corran,
para que jueguen bien.

Mi infancia en la cancha
y los recuerdos de campeón
parecen desaparecer
parecen marchitarse, hundirse
parecen no ser reales.

Pero estas lágrimas
son tan saladas como aquellas
que llovieron como el cabezazo de Pusineri
contra el segundo palo
mientras la tribuna se caía a pedazos.

Esta locura que ahora llevo
es tan real como aquella
con la que sentí que el fútbol era facil
mientras veía al Kun ir bailando
con el papelito colgando del botín.

Que sea entonces corta la tristeza
porque nosotros hablamos
siempre de nuestros logros
de nuestro orgullo, nuestro talento
así somos nosotros.