Picando la flor

Dejaste el alma tendida al sol,
un hada te hace luces
entre las hojas del bosque
mientras los pensamientos se escurren con el azar.

Una hamaca te juega aletargando
las agobiantes presiones del apocalipsis
y sin planear el siguiente paso
te refugias de la pesada lluvia.

El arco-iris acaricia el fondo del mar,
imponiendo su brillo en color
en el vaivén de las olas
que ya sin fuerzas muerden la orilla.

Las llaves no te persiguen,
ni te esclavizan ante la mirada siniestra
del humano que arremete
contra el árbol que abrazaste por la noche.

Pero no podrá esconderse
cuando el rojo cielo lo devore todo,
cuando las violetas nubes
sean uvas y soplo de risa en la agonía.

El alma se escurre con el canto
de un pájaro que flota picando la flor,
entre días sin noche, ni amaneceres
en los que ya no sirven las ideas.