Un queso

Enormes ratas caminaban por encima de la mesa
ya se había hecho costumbre verlas pasear,
la casa no era nuestra y eso no ayudaba
sí, mantener algo que jamás será tuyo
es más difícil de lo que aparentó alguna vez.

Por un instante de aquella mañana traté de recordar
cuándo fue que se habían comido el queso sardo
sin embargo, preferí dejarme ganar por la amnesia
continué haciendo que escuchaba al nuevo indio
y cambié de track para evitar el conflicto interno.

La rata más grande me miró fijo a los ojos
no habló pero pude escucharla dar una orden,
el resto de su familia comenzó a rodearme
paralizado como en una pesadilla, rogué al sol,
mis párpados se apretaron, luego se abrieron.

El pavor hizo despegarme de la silla en un salto
corrí a toda velocidad por el pasillo de la casa
sólo fui mis piernas durante esos segundos
no quise voltear sabiendo que estaban detrás,
me barrí por el piso apuntando al hueco de la pared.

Mientras el cuerpo entraba en aquel túnel oscuro
supe que todo estaría bien a pesar del pasado
enfoqué la vista hacia atrás, el peligro no logró alcanzarme
cerré la puerta violentamente, giré la llave,
un fósforo encendió la vela y suspiré en la sucia cueva .