Yo no tenía nada más
que unos kilómetros en mi mochila
no tenía nada excepto las poesías
con las que navegué sobre un barco
a frango y espagueti barato.
Había vendido mi voz
y empeñado mi guitarra...
me importaban muy poco los kilos
los billetes, los horarios, las clases,
de hecho, no me interesaba la mañana.
Volé por mis sueños sin buscar,
porque nunca busqué para poder encontrar
un alma sencilla que arda
que llene mi espíritu y me de la calma
que el futuro siempre arrebataba.
Entonces saciaste con creces mi hambre
porque dos kilos de lentejas
parecen demasiado para una cena
pero me alcanzan para una vida
si tu sol es la hornalla que las cuece.
¿A quién le importa una poesía?
cuando el mundo se viste de traje
de 9 a 6 batiendo tus ganas
de que el resto del día sea descanso
para poder seguir facturando...
Y tu alma me sigue enseñando
en cada risa que rompe el hechizo
porque te elegí en mi bohemia tibia
te elijo en mi ruta contra el ocaso
para seguir caminando juntos de la mano.