Las horas se van
vuelven minutos rellenos
y la manzana se pone agria
sobre un mueble de cemento
que espera ser trapeado.
La tipa ni se acuerda porqué
pero llora con la fuerza del mar
el tipo ya se olvidó porqué
y no pasa más los domingos
cerca de la barra para verla.
El vidrio roto que espera cortar
la llamada del celular que jamás suena
la tristeza que un amor deja
ante la pirámide de oro
que solían levantar juntos.
La tipa quiere entender
el tipo ni se avispa del mal clima
y entre el tedio de la espera
una corneta abre los vientos
que cortan sus caras sureñas.
El sur se fue con las horas
la pasión se esfumó con los minutos
los rostros se endurecieron
mientras los egos crecen
mientras los segundos duelen.